Las principales funciones de la psicología infantil

En muchas ocasiones nos olvidamos que la mente también es una parte esencial de nuestro ser que también debemos cuidar. Cuando tenemos un dolor buscamos tomar un medicamento que nos calme, sin embargo, para los problemas psicológicos no existen medicamentos mágicos que de un momento a otro nos curen.

Debemos ir a una psicóloga, y en caso de los niños aún más. Desde la niñez hasta la adolescencia una psicóloga infantil es la profesional ideal para apoyar y guiar el desarrollo de sus comportamientos. Muchas veces no notamos que determinadas circunstancias de la vida pueden afectar la psique de un niño e incluso influir en su correcto desarrollo.

Hasta la edad adolescente un ser humano va adaptando su mente y su forma de pensar según sus experiencias y es conveniente revisar con un profesional si todo marcha bien hasta ahora. Así como hacemos nuestro chequeo de salud anual y revisamos como está nuestro colesterol, el azúcar, la tensión, el corazón… la mente también hay que chequearla y verificar que nuestras aptitudes y acciones correspondan con nuestro ser y no son simplemente una respuesta automática a sentimientos reprimidos o a respuestas aprendidas equivocadamente.

Los especialistas definen a la psicología infantil como una rama que estudia el comportamiento del niño. De esta forma una psicóloga analiza el desarrollo físico, motor, cognitivo, perceptivo, afectivo y social desde la niñez hasta la adolescencia.

Estos profesionales de la mente se especializan en estudiar la psique del niño a través de dos variables: la ambiental que se refiere a la influencia de los padres, de los amigos y de cualquier otra persona que lo rodea, y por el otro lado la variable biológica, que está ligada a la genética y esa herencia que se transmite de padres a hijos por el ADN.

A pesar de que solo la propia persona que va a recibir las terapias es la que debe decidir por su propia voluntad hacerlo, en el caso de los niños o adolescentes son los padres quienes deben reaccionar y escuchar ese llamado de atención cuando los niños presentan ciertas actitudes alarmantes, como: cambios bruscos en el comportamiento, fallas de atención o se cierran en si mismos.